22M – Marcha de la Dignidad

NO AL PAGO DE LA DEUDA
NI UN RECORTE MÁS
FUERA LOS GOBIERNOS DE LA TROIKA
PAN, TRABAJO Y TECHO PARA TODOS Y TODAS

 CHAPASAT

En 2014 nos encontramos ante una situación extremadamente difícil, una situación límite, de emergencia social, que nos convoca a dar una respuesta colectiva y masiva de la clase trabajadora, la ciudadanía y los pueblos.

Millones de trabajadores y trabajadoras se encuentran sin empleo. Tener unas manos para trabajar; tener una carrera terminada; disponer de tu capacidad tanto manual como intelectual y no encontrar un trabajo digno es humillante. Se está desperdiciando el talento colectivo de una sociedad, hipotecando indefinidamente su futuro. Los trabajadores y trabajadoras no se merecen este atropello a nuestra dignidad colectiva.

Cientos de miles de familias han perdido su casa. No hay nada más inhumano que desalojar a una familia de su hogar, solo para alimentar la voracidad insaciable de unos banqueros sin escrúpulos. Banqueros a los que los estados siervos de la Troika alimentan a costa de empobrecer aún más a la clase trabajadora y a las personas más indefensas. Continue reading

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Entrevista al forense Paco Etxeberria sobre la tortura los últimos 35 años

Paco Etxeberria es uno de los forenses más reputados del mundo, pero también un intenso conocedor de la lacra de la tortura en Euskal Herria, dado que visitó a detenidos en Donostia y alrededores desde inicios de los 80 hasta una década después. A pocos días del 13 de febrero, día referencial contra la tortura desde la muerte de Joxe Arregi, repasa la evolución de esta práctica en una extensa entrevista para GARA y NAIZ cargada de ejemplos.

Gracias a http://www.naiz.info/eu/mediateca/video/entrevista-al-forense-paco-etxeberria

Recoja a su Guardia Civil, su Policía española y su ejército y abandonen Euskal Herria (Onintza Enbeita)

Intervención de la parlamentaria Onintza Enbeita en el Congreso de los Diputados el 30 de Octubre de 2013

Señorías, desde el día en que se fundó la coalición Amaiur adquirimos un fuerte compromiso en defensa de todos los derechos humanos sin excepciones. Y ese compromiso me trae hoy aquí a hablarles de tortura, porque la tortura en el Estado español es una palabra tabú; lo era con UCD, lo fue con el PSOE y lo es con el Partido Popular. Sin embargo, la tortura es el claro ejemplo de la mentira de la Transición. Cuando Franco murió el 20 de noviembre de 1975 mucha gente se hizo ilusiones, creyendo que las cosas cambiarían. Pero aquí no hubo ninguna transición, sino una transmisión de poderes y el Estado jamás -jamás- dejó de torturar. 

Según la ONU, es tortura todo acto por el cual se inflige intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido o se sospeche que haya cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras cuando dichos dolores o sufrimientos son infligidos -aquí está la madre del cordero- por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas. 

José Arregui dijo: Oso latza izan da. Cuando sus compañeros intentaban curarle los hematomas en la enfermería de la comisaría él acertó a decir, poco antes de morir sin fuerzas ni siquiera para hablar: Ha sido muy duro. Los compañeros de Mikel Zabalza decían que le oían vomitar y gritar, antes de que funcionarios bien entrenados en las academias del Estado lo tiraran con las manos esposadas al río Bidasoa para simular un suicidio Continue reading

“La Guardia Civil y la Policía Española torturan y el Estado esconde y ampara sus crímenes”

Solo añadiré que es un placer, una tranquilidad enorme poder escuchar estas palabras resonando en el Congreso de los Diputados, casa donde tantas mentiras y tontadas se cuentan. Hacía mucho tiempo que nadie hablaba tan claro, con tanto acero como lo ha hecho Onintza Enbeita, diputada por Amaiur.

Habrá quien no quiera leer estas líneas, habrá quien no le eche cuentas al vídeo, pero aquí está, entero, para quien quiera verlo y oírlo. Porque una de las grandes vergüenzas del Estado español es que nos avergonzamos de que cruzáramos el Océano y cometiéramos un etnocidio contra los pueblos indígenas americanos y que a día de hoy, en el año 2013, los encargados del órden público, de garantizar el cumplimiento de las leyes, torturen, asesinen, engañen y se orinen encima de los derechos humanos de cientos de personas.

Porque sí, EN ESPAÑA SE TORTURA.

Hemeroteca de la Paz (o del Odio)

Os traigo un conjunto recopilado de recortes de hemeroteca sobre las posturas del Partido Popular, de la AVT, de Rosa Díez (hoy UPyD) y todos los que hoy se llenan la boca con expresiones de odio, rencor, venganza y violencia en un escatológico intento por alejarnos a todos y todas de la paz.

Recopilado por @Andaluandapilas

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El lenguaje perverso del dominador

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Inés del Río, ¿cómo dirigirnos a ti?

¿Cómo hacerlo, sin con solo colocar tu nombre en la convocatoria de este acto, ha supuesto su prohibición inicial? Si cualquier cosa que digamos será anotada, empapelada y procesada por los cazadores de apologías. Tu nombre no puede ser acompañado de adjetivos cariñosos.

Ezin dugu esan, Ines maite zaitugu (no diremos, Inés, te queremos). No diremos, Dios nos libre, Inés compañera laguna gurkidea, iraultzailea.

No podemos decir y no diremos, Inés gudari, gure askatasunaren alde hain beste heman duena. Mucho menos diremos que te tienen secuestrada, baitua. Y que no eres tú la que mereces esa celda, tenemos que medir las palabras.

¿Cómo calificarte entonces, Inés? ¿Luchadora antifascista? Elogio peligroso. ¿Feminista consecuente? Apología. ¿Abertzale sutxua? Ez ta pentsaue. ¿Militante íntegra? Anatema. ¿Presa política? Ensalzamiento Tu simple fotografía es subversiva. Decir gora Inés, ilegal.

¿Cómo llamarte, Inés, si nos han robado hasta el lenguaje? ¿Y cómo llamarnos también a nosotros mismos si oficialmente somos “el entorno de la banda”, si nos ilegalizaron y persiguieron porque todos éramos lo mismo: los violentos.

No nos permiten adjetivos políticos ni cariñosos para referirnos a ti, a Inés y a todos los compañeros y compañeras. Y, por lo tanto, nosotros y nosotras tampoco sabemos cómo llamarnos. Nos han sacado, incluso, de ese club de élite que se denomina: “nosotros los demócratas”.

Nos bautizan como violentos en una sociedad de locos, dónde los más ricos nos hablan de austeridad, los bancos de honradez, la monarquía de democracia, la Iglesia de sexualidad y el Ejército de pacificación.

Es el lenguaje perverso del dominador, por eso Inés da igual que hayas cumplido con creces toda tu condena, una sentencia de Estrasburgo, dicen, supondría poner a cientos de terroristas en la calle. Oficialmente seguirás siendo una terrorista y nosotros tu violento entorno.

Entonces, ¿no tendremos que dar la vuelta al mensaje o al lenguaje? ¿No tendremos que hacer como los filipinos que acabaron adoptando el nombre de “filibusteros” con el que pretendían despreciarlos los españoles. O como los irlandeses que adoptaron con el orgullo el nombre de “felones” que les pusieron los ingleses. ¿No nos sentíamos orgullosos hace pocos años cuando en el franquismo nos llamaban “rojos y separatistas”?

Lo que ocurre Inés es que te llaman, nos llaman terroristas, porque nos tienen auténtico terror. Porque saben que aquí hay un pueblo y unas clases oprimidas que están dispuestos a hacer lo que más les aterroriza: quitarles sus privilegios, echarles de las instituciones, quitarles los bancos, amordazar a sus perros, abrir las cárceles, proclamar la república, unir Euskal Herria, autodeterminar los pueblos, organizar a los trabajadores, abrir las fronteras, cerrar los cuarteles, imponer lo público, recortar lo privado. ¡A eso es a lo que le tienen terror y por eso somos terroristas, esa es la violencia que temen!

Nos llaman terroristas los mismos que llevan décadas haciendo guerras y bombardeando pueblos para robarles sus recursos naturales, los que gastan en armas, los que nos quitan educación, cultura y sanidad. Los que solo invierten en material antidisturbios para machacar obreros y ciudadanos. Los que matan elefantes por pura holgazanería, los que nos fusilaron en el 36, los que en los últimos 50 años han detenido 50.000 vascos y vascas, han torturado a 5.000, han matado a casi 500 impunemente, han encerrado a 10.000 paisanos y paisanas con unas condenas brutales que no se daban ni en los tiempos del franquismo.

Nos llaman violentos los que tienen más de 70.000 presos sociales en las cárceles, pobres de solemnidad todos ellos, mientras los verdaderos delincuentes están en el gobierno, en los bancos, en los cuarteles, en la Casa Real, en la Curia Diocesana, en los consejos de administración. Nos llaman violentos los del GAL, los torturadores impunes, los jueces prevaricadores, los sádicos que nos impusieron la dispersión y la doctrina Parot, los que matan impunemente cuando quieren y lo que es peor, cuando no dejan vivir. Nos llaman violentos los que meten a los sin papeles en campos de concentración antes de expulsarlos, los que embargan a los que están en paro, los que nos están robando todo lo que hemos podido conseguir con generaciones de lucha y trabajo.

Nos llaman violentos, qué honor, Rajoy, Rubalcaba, Barcina, Sanz, Miranda, Jiménez o Catalán mientras se abanican con sus sobres agarrados al sillón. Nos llaman violentos los que persiguen con saña nuestra lengua, nuestros símbolos, nuestra cultura y nuestra identidad para que seamos una masa idiotizada, españolizada, uniforme y mediatizada; sin raíces en las que sustentarnos y sin memoria histórica con la que alimentar nuestras luchas y nuestras utopías futuras. Porque ellos quieren un rebaño globalizado de esclavos y nosotros queremos un conjunto de pueblos libres. Porque nosotros queremos un mundo diverso lleno de peces de colores y ellos quieren triturarnos y convertirnos en sopa de pescado.

Nos llaman terroristas porque nos tienen terror y vamos a hacer que cada día estén más aterrorizados. Y para ello tenemos varias bombas atómicas: tenemos la lucha política para limpiar nuestras instituciones, la resistencia y oposición a todas las leyes injustas, la desobediencia civil activa, la solidaridad internacionalista, la lucha obrera popular y la organización.

Y en esta lucha de liberación hay huecos inolvidables, huecos imprescindibles y huecos insoportables. Aquí falta hoy Inés, Jone, Josu, Gotxon y falta el Txato.

Vamos a hacerles devolver todo cuanto nos han robado, comenzando con lo más querido, con lo más fraterno, que nos devuelvan a nuestros presos y nuestras presas, nuestros paisanos y paisanas, sangre de nuestra sangre, nuestros hermanos y hermanas, nuestros camaradas y compatriotas.

¡Gora gu ta gutarrak!

(Este artículo es una transcripcción del siguiente vídeo)

En España se tortura porque se lleva haciendo siglos

En España parece que todo el mundo canta por divinidad de Dios y, en cambio, en Francia nadie se autoinculpa… Queda muy patente y claro dónde reside la diferencia.

El juicio contra 40 jóvenes independentistas entra hoy en su segunda fase, donde declararán, como testigos, los policías que han sido denunciados por torturar a Garazi Rodriguez y Haritz Petralanda, y a la mayoría de los encausados. Preven vivir un momento tenso, sobre todo cuando escuchen la voz de los agentes. Ambos tienen una pregunta rondando en su cabeza: ¿Por qué?

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Leer también el post Tortura, instrumento político y judicial en España

La semana pasada tuvieron la ocasión de relatar ante el juez las torturas que padecieron durante la incomunicación. ¿Cuáles fueron sus sensaciones al recordar aquel calvario?

Garazi Rodriguez: Antes de proceder a declarar ya estaba con ansiedad, bloqueada, en estado de shock. Una vez me senté, me resultó duro, pero tenía ganas, ganas de contar todo lo que me había pasado. Mi principal preocupación era encontrar la mejor manera de transmitir lo que habíamos padecido, porque no se trata solo del hecho de que te peguen o te desnuden, también son sensaciones muy difíciles de expresar con palabras. A mí, por ejemplo, se me hizo más duro escuchar a la gente, porque tú empatizas, porque sabes que detrás de esos golpes hay más, esas sensaciones, hay soledad, y no puedes hacer nada.

Haritz Petralanda: Una vez que los primeros empezaron a relatar las torturas padecidas, iba recordando cosas y se me hizo muy duro. En todo momento estuvimos todos con el pañuelo y con la lagrimilla. En el momento de declarar me derrumbé. Tenía claro que iba a ser así, que iba a llegar a tal extremo, pero quería seguir contando. La sensación era de querer narrarlo todo y dejar claro que sufrimos torturas, que en ningún momento hemos mentido.

«No podemos aceptar que nuestros torturadores declaren contra nosotros»

¿El hecho de relatar las torturas, en cierta manera, les sirvió como terapia?
H.P.: La terapia ya la hice antes con mi sicólogo. A la hora de declarar ante el juez lo que haces es retrotraerte al momento de la tortura y, aunque resulte muy duro, es un ejercicio necesario que hay que hacer. No hay que tener miedo ni vergüenza para contarlo. Hay que aceptar la situación que has sufrido, tener capacidad para relatarlo y tirar para adelante.

G.R.: Yo tampoco lo viví como una terapia, pero sí me resultó valioso para quitarme un peso de encima, necesitaba contarlo. A día de hoy continúo en terapia con mi sicóloga, pero todavía no hemos llegado a abordar el tema de las torturas. Poco a poco…

¿Les han dejado los malos tratos sufridos alguna secuela física o sicológica?
H.P: En mi caso las secuelas han sido sobre todo síquicas, porque no llegaron a pegarme. Es al salir de la cárcel cuando te das cuenta de que algunas de tus reacciones no son normales. También eres más agresivo con tu gente y no toleras lo mismo que antes, pero, al final, aprendes a vivir con ello.

G.R.: La mayoría de las torturas que me practicaron tenían connotación sexista. Eran todo insultos, intentos de desmontarme como mujer, humillaciones e incluso vejaciones sexuales. He pasado dos años totalmente hundida, sin valorarme como persona. En estos momentos estoy trabajando para aumentar mi autoestima.

Además, al principio, cargaba con la responsabilidad de haber declarado contra otra gente. Es una gran carga. Considero que la aplicación de los malos tratos es una decisión política, no se trata solo de que tú mismo te autoinculpes, se trata de que inculpas a terceras personas. Debes cargar con ese peso e intentar deshacerte de ese miedo que tienes metido en el cuerpo.

También se dio la circunstancia de que, cuando salí de la cárcel, hubo una redada y los detenidos fueron incomunicados. Esa situación la vivía de otra manera, lo pasaba mal. Recordaba lo que me había pasado, o me imaginaba lo que les pudiera pasar.

H.P.: Lo que quieren conseguir con la tortura es infravalorarte como persona. Eso sí que repercute en tu autoestima y en la manera de interactuar con la gente. Lo que tienes que llegar a comprender es que ellos tienen estudiado y trabajado cómo pisotear psicológicamente una persona. Le tienes que dar la vuelta a eso, no echarte la culpa encima.

Sus presuntos torturadores declaran hoy contra ustedes por su militancia política. ¿Cómo esperan ese momento?
H.P.: Será un momento tenso, pero nos mantendremos firmes porque estaremos los 36 apoyándonos. La tensión aumentará cuando declaren, cuando las voces nos suenen… Lo pasaremos mal.

G.R.: No podemos aceptar que mientras nosotros estamos en el banquillo de los acusados, después de todo lo vivido la semana pasada, que fue muy duro, ellos tengan la poca vergüenza de mentir y ratificar nuestras acusaciones, cuando han sido los responsables de nuestras torturas. Tendremos que verlos, por duro que nos resulte.

Al fin y al cabo me he dado cuenta de que, aunque he vivido muchos años obsesionada con verlos, a nosotros no nos torturó uno de churros o uno gordo o uno de 1,80. A nosotros nos torturó el Estado. Porque ellos no son más que los perros que muerden para proteger a sus amos. Y con eso me quedo. Tenemos que seguir trabajando para que esa gente sea juzgada.

¿Qué les dirían si tuvieran la ocasión de tenerlos en frente?
G.R.: Llevo años pensando en ese momento. Simplemente les preguntaría: ¿por qué?, ¿cómo puedes ser capaz de hacer algo así y continuar con tu vida normal?. Durante la tortura está viendo sufrir a una persona, totalmente hundida. Y pienso en ello: ¿cómo puede ser una persona capaz de ver a otra sufrir? Y todo ello por conseguir una autoinculpación… Tenemos que pedir explicaciones a quienes decidieron usar los malos tratos para fines políticos.

H.P.: Nunca me he planteado esa cuestión. Quizá suene un poco extraño, pero puede que ellos vivan engañados. Yo también les preguntaría el por qué, que me explicaran qué razones tienen para habernos torturado, qué motivos les han dado para creerse que tienen total legitimidad para hacerlo.

G.R.: El momento clave a lo largo de mi incomunicación fue cuando me desnudaron y, justo cuando estaba solo con las bragas, entró un policía. Éste me empezó a abrazar, a darme besos, tocándome todo el cuerpo, diciéndome que me iba a violar… En ese momento, había una mujer en el interrogatorio, que estaba encapuchada, y me dirigí a ella y le dije: ¿Cómo eres capaz, como mujer, de aguantar esto?

¿Qué recorrido han tenido sus denuncias?
H.P.: Los abogados de Torturaren Aurkako Taldea (TAT) fueron quienes tramitaron mi denuncia, aunque el proceso se cerró hace poco. El Tribunal Supremo dictaminó que no había pruebas suficientes.

G.R.: Mi caso sirve para ver cómo el Estado español quiere tapar la realidad de los malos tratos. Hace poco me llamaron los abogados del TAT y me anunciaron que había habido un error con mi denuncia, ya que archivaron el caso sin notificación. Fueron los propios letrados quienes llamaron para saber en qué situación se encontraba mi denuncia. Fue entonces cuando fueron informados de que el caso había sido archivado. Ante ello, decidimos recurrir al Tribunal Constitucional y en esas estamos.

Mientras, el Estado español ha sido condenado varias veces desde instancias internacionales por no investigar los casos de torturas.
G.R.: Es evidente que tanto en Europa como en el Estado español se practica la tortura, y también es sabido que el Estado español pone todas las trabas posibles para que esas personas que han torturado sean juzgadas. Sin embargo, creo que se han dado pasos debido al trabajo de concienciación que se ha realizado. Por poner un ejemplo, considero que es un paso adelante que en la redada contra miembros de Herrira la detención fuera comunicada, algo que, en la mayoría de los casos, sirve para evitar su práctica.

H.P: También varía si las detenciones se practican en el Estado español o en el francés. En España parece que todo el mundo canta por divinidad de Dios y, en cambio, en Francia nadie se autoinculpa… Queda muy patente y claro dónde reside la diferencia.

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